20110123

Escucho tu susurro seco y lacerante.
Tu boca es la más dulce criminal de mi corazón amordazado.
Podría desatarte las manos para que destroces mi corsé.
Permitir que tu lengua cure las heridas que dejaste a la 
altura de mi pecho izquierdo.
Y de nuevo entregarte el alma rota y errante que nació de tu piel,
sabiendo que no hay mejor final que el que hace estremecer.